The rise and fall of the Russian Avant-garde (1917)

When a century of the revolution of the soviets happened in the red October of 1917, we turn to the world of that time, concretely to Tsarist Russia that had just stopped being a monarchy to become a set of republics.

In the historical context we find a Russia immersed in a time of great changes. Land tenure relations, and large estates, as well as state planning of the economy, defined new contents in Urbanism, oriented to satisfy the new needs of workers as social class.

russian avant garde

In terms of creativity, few periods of the history of the twentieth century are as productive as the one that comprised from 1.917 until its end in 1932, crushed by Stalin’s boot. This impulse was reflected in all the plastic arts, including the architecture where they emphasized names like Yákov Chernijov, Moisei Ginzburg, Vladimir Shújov, Konstantín Mélnikov and the Vesnin brothers. In search of a “new future,” architects sought to introduce “new symbolism, new monuments and new institutions,” creating factories, theaters, communal houses and ministries. Dream projects to suggest an alternative reality. These were “dream projects”, sometimes with a high degree of utopia, which should suggest an “alternative reality” in areas such as industrialization, urban planning, aviation, communication, community life and recreation.

Tatlin

The soviets also wanted to print their imprint on the urban topography, hence the development of urban plans with grandiose architectural projects for major cities. These ones were so ambitious and, at times, disproportionate, that the most remarkable never turn to reality.

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The wide range of visions, ranging from the fresh functionalism of the early Constructivists to the more radical formal experiments of Konstantin Melnikov, would be enough to mark the era as one of the most fruitful in modern architecture. What distinguished it was the passion of its conviction, however naïve, that architecture could be an agent for deep social change. The fact that this vision was born dead only adds attraction: as an incomplete experiment. This is a philosophy that we can observe in the current architecture.

This new creative stream also attracted renowned foreign architects such as Le Corbusier, in charge of the historic Moscow headquarters for Soyuz Center (1928-36). Another excellent project is the Red Banner Textile Factory (1925-37), by the German architect Erich Mendelsohn: its curved and aerodynamic façade, marked by a row of slender black chimneys, evokes a steamship, another modernist obsession. Taken together, such works underscore how the fervent intellectual environment of Russia was fostered by a free exchange of ideas throughout Europe. This bloom was soon cut off by Stalin, of course, who finally repressed the flow of people and ideas inside and outside of Soviet Russia and resulted in a rigid Soviet-style classicism that seemed more in line with state authority.

Vesnin

vesnin brothers

The change of trend began almost as soon as the vanguard was discredited, as Soviet planners prioritized Stalin’s aesthetic preferences and ordinary citizens retreated the clock of progress achieved. The Narkomfin apartment complex of Ginzburg (1928-30), whose modernist cleaning was an example of communal housing, was filled with cheap traditional Russian furniture.

 

 

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The interior of the Workers’ Club of the Melnikov Burevestnik Factory (1928-30), known for its interlocking glass cylinder facade, has been redecorated with traditional peasant ornaments and red vinyl banquettes.

The savagery of post-Soviet capitalism, in which rising properties values have led developers to sweep benchmarks of the Russian avant-garde to make way for malls and luxury apartments. Russia’s nascent conservationist movement lacks the financial resources or government support to block demolitions. At the same time, buildings like Narkomfin have deteriorated to such an extent that they threaten to collapse under their own weight. And sadly, the reverent consideration that the western architects maintain towards these buildings is not necessarily matched by the Russian citizens. Many of them only long to put aside the architectural memories of the Soviet era. The result threatens to be a collective amnesia that will permanently distort one of the most critical periods of modern architectural history.

The best architecture exists somewhere between the world as it is and the world as we would like it to be.


Cuando se cumplen un siglo de la revolución de los sóviets ocurrida en el octubre rojo de 1917, volvemos la vista al mundo de aquella época, concretamente a la Rusia zarista que estaba a punto de dejar de ser una monarquía para convertirse en un conjunto de repúblicas.

En el contexto histórico nos encontramos con una Rusia sumida en una época de grandes cambios. Las relaciones de propiedad sobre la tierra, y los grandes inmuebles, así como la planificación estatal de la economía, definieron nuevos contenidos en Urbanismo, orientado a satisfacer las nuevas necesidades de los trabajadores como clase social.

constructivism

En términos de creatividad, pocos períodos de la historia del siglo XX nos encontramos tan productivos como el que comprende desde 1.917 hasta su final en 1.932, aplastado por la bota de Stalin. Este impulso se reflejó en todas las artes plásticas, incluyendo la arquitectura donde destacaron nombres como Yákov Chernijov, Moisei Ginzburg, Vladimir Shújov, Konstantín Mélnikov y los hermanos Vesnín. En la búsqueda de un “nuevo futuro”, los arquitectos pretendían introducir “nuevos simbolismos, nuevos monumentos y nuevas instituciones”, creando fábricas, teatros, viviendas comunales y ministerios. Proyectos de ensueño para sugerir una realidad alternativa. Se trataba de “proyectos de ensueño”, en ocasiones con un alto grado de utopía, que debían sugerir una “realidad alternativa” en áreas como la industrialización, planificación urbana, aviación, comunicación, vida comunitaria y recreación.

Los soviets también deseaban imprimir su huella en la topografía urbana, de ahí que se desarrollasen planes urbanísticos con grandiosos proyectos de arquitectura para las principales ciudades. Éstos eran tan ambiciosos y, en ocasiones, desmesurados, que los más notables nunca pasaron de la planimetría a la realidad.

nube de acero-piscinas al aire libre

La amplia gama de visiones, que abarcaba todo, desde el funcionalismo fresco de los primeros constructivistas hasta los experimentos formales más radicales de Konstantin Melnikov, bastaría para marcar la época como una de las más fructíferas en la arquitectura moderna. Lo que la distinguía era la pasión de su convicción, aunque ingenua, de que la arquitectura pudiera ser un agente para un cambio social profundo. El hecho de que esta visión haya nacido muerta sólo añade atractivo: como un experimento incompleto. Esta es una filosofía que podemos observar en la arquitectura actual.

Esta nueva corriente creativa también atrajo a arquitectos extranjeros de renombre como Le Corbusier, encargado de la histórica sede de Moscú para Centro Soyuz (1928-36). Otro excelente proyecto es la Red Banner Textile Factory (1925-37), del arquitecto alemán Erich Mendelsohn: su fachada curvada y aerodinámica, marcada por una hilera de esbeltas chimeneas negras, evoca un buque de vapor, otra obsesión modernista. En conjunto, tales trabajos subrayan cómo el ambiente intelectual ferviente de Rusia fue fomentado por un libre intercambio de ideas en toda Europa. Esta floración fue pronto cortada por Stalin, por supuesto, que finalmente reprimió el flujo de personas e ideas dentro y fuera de la Rusia Soviética y dio lugar a un rígido clasicismo estilo soviético que parecía más en consonancia con la autoridad del estado.

El cambio de tendencia comenzaró casi tan pronto como la vanguardia fue desacreditada, ya que los planificadores soviéticos priorizaron las preferencias estéticas de Stalin y los ciudadanos corrientes retrocedieron el reloj del progreso conseguido. El complejo de apartamentos Narkomfin de Ginzburg (1928-30), cuya limpieza modernista fue un ejemplo de la vivienda comunal, se rellenó con muebles rusos tradicionales baratos.

El interior del Club de Trabajadores de la Fábrica Burevestnik de Melnikov (1928-30), conocido por su fachada de cilindros de vidrio entrelazados, ha sido redecorado con ornamentos campesinos tradicionales y banquetas de vinilo rojo.

Palacio de la Cultura de Leonid Vesnin en Bakú

El salvajismo del capitalismo post-soviético, en el que los crecientes valores inmobiliarios ha llevado a los desarrolladores a arrasar puntos de referencia de la vanguardia rusa para dar paso a centros comerciales y apartamentos de lujo. El naciente movimiento conservacionista de Rusia carece de los recursos financieros o el apoyo del gobierno para bloquear las demoliciones. Al mismo tiempo, edificios como Narkomfin se han deteriorado hasta tal punto que amenazan con el colapso bajo su propio peso. Y tristemente, la reverente consideración que los arquitectos occidentales mantenemos hacia estos edificios no es necesariamente igualada por los ciudadanos rusos. Muchos de ellos sólo ansían dejar de lado los recuerdos arquitectónicos de la era soviética. El resultado amenaza con ser una amnesia colectiva que distorsionará permanentemente uno de los períodos más críticos de la historia arquitectónica moderna.

La mejor arquitectura existe en algún punto entre el mundo tal cual es y el mundo tal como nos gustaría que fuera.

@ElParaleX